2.04.2014

CUESTIÓN DE LUJURIA: CAPÍTULO 2

La noche promete, en la cena todos hablan, ríen y se nota que se divierten. Pedimos champagne para celebrar y en el postre, el camarero trae una tarta formada por dos capas de bizcocho de chocolate, entre ellas una capa de mermelada de albaricoque y toda cubierta por chocolate negro en la cual dice “felicidades”, lo acompaña unas cuantas velas de color rosa intenso. Todos comienzan a cantar al unísono el cumpleaños feliz y yo sonrió como una tonta mientras me acerco a soplar cada una de las velas de la tarta. Al final aplauden, unimos las copas en un brindis. Me siento entusiasmada.
Antes de irnos en busca de un buen sitio para bailar y tomar unas copas,  decido ir al lavabo. Le doy un beso a juan y me levanto de mi silla. Noto algunas miradas en el restaurante, me gusta pero a la vez me intimidan. Doy media vuelta y noto que juan también me mira, denoto deseo en su mirada. Le sonrió tímidamente y él me guiña el ojo. Sigo caminando y al entrar por el pasillo que me conduce hacia las escaleras que llevan a los lavabos de señoras, me cruzo frente a frente con un hombre muy atractivo. Es alto, de 1.76 más o menos de estatura, moreno con unas pestañas largas que cubren unos ojos azules llenos de encanto. Me mira fijamente mientras sube las escaleras. Me sonríe e inmediatamente me sonrojo pero no dudo en contestarle con una media sonrisa un poco atontada por tan guapo adonis. Suspiro y sigo mi camino, no sin dejar de dar media vuelta para ver como camina… mamma mía, esa sí que es una buena vista.
Unos minutos después salgo de los lavabos y me dirijo de nuevo hacia mi mesa, teniendo la gran suerte de cruzar de nuevo miradas con ese delicioso hombre que me encontré en los lavabos. Sonríe de nuevo y  esta vez no me sonrojo, devolviéndole mi mejor sonrisa. Llego a la mesa
- pues sí que tienes buena cara después de ir al lavabo, ¿Qué has hecho pequeña pervertida?
Me dice con una cara picara Juan. Me encanta cuando se pone juguetón conmigo y más cuando estamos rodeados de gente, eso me pone muy caliente y con deseos de jugar también
- he demorado lo suficiente, eres un quejica – y de nuevo, saco la lengua de manera burlona
- ten cuidado con esa lengua, te la puedo comer entera – acto seguido me besa, esta vez un beso más casto pero intenso – he visto que sonreías  cuando venias hacia acá, ¿algo divertido que desees contar?
Espera ansioso mi respuesta con una sonrisa, como si ya la supiera pero deseando que sea yo quien se lo diga
- poca cosa, de aquí al lavabo poco me podría divertir…pero sí que ha sucedido algo – le digo mirando hacia el fondo del lugar, donde se encuentra aquel hombre. No dejo de pensar en su mirada y esa sonrisa que puede llegar a  derretir a cualquiera. Juan se estira para ver hacia donde mi vista se posa, dándose cuenta exactamente a quien miro
-ya veo que ha sucedido algo…más que algo – dice sin quitar vista de lo poco que puede ver del hombre con el que he tenido ¿un coqueteo?...no sé, creo que no ha sido un coqueteo ¿ o sí?
- simplemente me ha sonreído. La verdad es que es bastante atractivo
- te ha gustado, ¿verdad?
Noto como me sonrojo de nuevo mientras miro a juan fijamente. Vuelvo la mirada hacia la mesa donde está el hombre atractivo
- sí, me ha gustado – y vuelvo a tener contacto visual con Juan. La verdad es que le gusta que le diga este tipo de cosas. Una vez tuvimos una conversación en la cual me desnudo mis más íntimos deseos, entre ellos los hombres. Suena bastante mal para aquellos que sean unos remilgados, pero es verdad, los hombres son mi deseo más oculto. Me encanta, me apasionan, me excitan y eso lo sabe él. Le gusta que le diga cuando un hombre atrae mi atención de manera sexual, le excita saber lo caliente que soy y como se moja mi sexo imaginándome rodeada de deliciosos hombres que hacen mis más oscuras fantasías realidad.


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