2.08.2014

CUESTIÓN DE LUJURIA: CAPÍTULO 4

 - ¿Quién lo diría verdad?, el hombre que te trae tan caliente toda la noche es un amigo mío de toda la vida – sonríe divertido
- pufff…no exageres…tan caliente – digo mientras pongo los ojos en blanco
- sabes que no me puedes engañar, tenías esa mirada que a mi tanto me gusta, es la misma mirada que tienes cuando sabes que deseo follarte. Me encanta que seas tan viciosa y más me encanta que me lo demuestre – se saborea solo con pensarlo y eso hace que me caliente más, mucho más.
No, a él no puedo engañarle, me conoce tan bien que es imposible hacerlo, pero me encanta que me conozca así, porque consigue de cosas de mí que nunca pensé que nadie podría conseguir y mejor aún, me satisface como absolutamente nadie lo había hecho
- ¿te gustaría jugar con Sergio? – le miro sorprendida, sin saber si se burla de mi o lo dice en serio – venga va, no me mires así, sabes que me encanta complacerte y he visto muy bien como le has mirado, sé que tu imaginación ha cobrado vida cuando le tenías cerca,  entonces ¿por qué no jugar? – dice arqueando la ceja y sonriendo de esa manera tan picara que le hace tan atractivo
- no me tientes, que sabes que a ti no te puedo decir que no – le respondo con total seguridad. Vale, quiere jugar…pues juguemos – pero si hablas en serio, creo que te tomare la palabra – sonríe echando la cabeza hacia atrás y vuelve a mirarme
– ok, ya veremos cómo se presenta entonces la noche – y su voz suena a promesa.
La música suena en mis oídos, martillando mi cabeza. Decido salir a fumar un cigarrillo, necesito un poco de aire fresco
- vengo en un minuto, voy a fumar – le digo a gritos a juan, pero creo que poco puedo oírme. Asiente con la cabeza. Al darme media vuelta me toma por la mano y me acerca a el
-¿deseas que te acompañe?
Niego con la cabeza y me acerco a darle un pequeño beso. Responde ávidamente a mi beso, lo cual hace que me entregue a él en un juego de excitación.
Me hago camino hacia la puerta, al llegar una chica muy animada me pone un sello para volver a entrar a la disco. Saco de mi bolso mis cigarrillos y rápidamente enciendo uno. Doy la primera calada, profunda y suspiro hondo. Intentando centrar mis pensamientos y mi enardecimiento después de tan apasionado beso, doy de nuevo una calada a mi cigarrillo que se consume con rapidez, de repente siento como alguien se posa a mi lado y con una voz muy varonil me sobresalta

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