2.12.2014

CUESTIÓN DE LUJURIA: CAPÍTULO 6

- ¿no te molesta que haga eso? – señala con la cabeza a Juan y compañía mientras frunce el ceño como si le pareciera una atrocidad enorme
- para nada, solo se divierte y además…me excita en gran medida – le digo arqueando una ceja y sonriendo sensualmente, como una buena chica mala. Al parecer yo también estoy jugando, le coqueteo de una manera más sutil a Sergio, pero no estoy segura si se da cuenta – sé que es raro que lo vea normal, pero es un juego que tenemos él y yo, somos una pareja de mente abierta, bastante a decir verdad – y esta vez con más descaro le guiño un ojo y sigo bailando.
Creo que Sergio no entiende bien lo que pasa, no le culpo la verdad, pero al ver que su amigo tiene “permiso” para coquetear y que a la vez su novia lo haga – ¿o intente? – con él pues lo descoloca aún más, pero tampoco está muy seguro de querer ser parte del juego… ¿o sí?
-venga, muévete un poco más, estas un poco tieso – le digo cogiéndole una mano mientras muevo mis caderas al ritmo de la música. Me voy acercando hacia él y quedo de espaldas contra él, sintiendo mi culo cerca de su entrepierna. No puedo notar con total seguridad su sexo, pero sí sé que le gusta que me mueva de la manera que lo hago, así que decido pasar su brazo por mi cintura e inmediatamente me acerco más contra el
- debe ser la noche que me está confundiendo pero, ¿intentas seducirme? – y siento su aliento pegado a mi oreja, su colonia es muy varonil y me llena los sentidos. En respuesta me acerco más a él y creo que esta vez su reacción es totalmente carnal, siento como su sexo se despierta tímidamente pero con potencia. – Definitivamente intentas hacerlo, ¿debo responder a esa seducción? – dejo al descubierto mi cuello y le miro de manera juguetona – puede, tu solo has lo que te apetezca.
Seguimos bailando, Juan ahora nos observa de tanto en tanto, sabe ya muy bien lo que sucede entre Sergio y sonríe de manera maliciosa cuando nuestras miradas se cruzan a través de la multitud. Sé muy bien que me dice con los ojos, está encantado de que juegue y quiere que lo haga bien, como a él le gusta. Le devuelvo la sonrisa con un toque de inocencia, haciéndole saber que soy una chica buena aunque él sabe muy bien que soy de las malas y soy perfectamente buena en ello
-venga, vamos a tomar una copa, estoy agotada - 

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