4.16.2014

CUESTIÓN DE LUJURIA: ISLAS GRIEGAS, CAPÍTULO 1

La primavera da sus últimos coletazos ante la entrada inminente del verano, el calor nos abrasa de tal manera que lo único que deseo es poder irme de vacaciones pronto, aunque amo mi trabajo, necesito descansar, desconectar de todo, solo espero que esta vez pueda hacerlo fuera de la ciudad.
Soy editora jefe en Aleare, una revista que toca temas de actualidad y la verdad es que tengo un equipo de trabajo fenomenal, pero por supuesto llega un momento en que, como en todo trabajo, el estrés diario y el tener una fecha límite para todo tu esfuerzo, hace que el cuerpo y la mente exploten de tanta información
- Andrea, tienes una llamada por la línea dos, es tu chico, ¿te la paso? – dice mi secretaria. Sin pensarlo le respondo que sí, he quedado con él para comer y seguramente no pueda acompañarle
- hola mi niño – contesto amorosamente
- hola nena, ¿Qué tal vas? –
- un poco liada la verdad, dudo que pueda quedar contigo, lo siento –
- bueno no pasa nada, de todas maneras tengo que hacer unas cosas por el centro, así que aprovechare. Nos vemos a la noche ¿vale? Cuídate nena – se despide y yo continuo con mi trabajo.
Horas más tarde, después de tanto trabajar, me apetece muchísimo ir a tomar unas copas, me lo merezco después del día tan agotador que he tenido, además es viernes. Decido llamar a una de mis mejores amigas y quedar con ella, para ponernos al día de nuestras vidas.
Entre copa y copa comenta que desea hacer un viaje, conocer un poco otros países y que se lo está planteando ahora que llega el verano, todo depende de cómo este su economía por supuesto. A mí también me encantaría hacer un viaje, llevo pidiéndoselo a Juan ya unas cuantas veces, pero con el trabajo que tiene y sus horarios, es difícil concretar algo.
Juan es empresario, se dedica al mundo de la noche. Tiene tres discotecas muy concurridas en la ciudad y la verdad es que tienen muy buena aceptación entre el público, de hecho en mi revista unas cuantas veces sus discotecas han sido señaladas como las mejores de los últimos años, pero claro, le ha costado lo suyo
- pues como te digo, en cuanto pueda un viaje, así en plan aventura, a un país exótico sí que hare. Deseosa estoy de encontrarme con algún extranjero lujurioso que me quite las penas – reímos las dos ante su comentario jocoso
- me alegro que lo tengas tan decidido, yo en cambio, como no sea que me vaya al norte, dudo que pueda viajar fuera del país. Sueño con irme a las islas griegas o algo de ese estilo, vamos algo diferente pero claro, tampoco quiero hacerlo sola y con Juan ni cuento, mucho trabajo – digo desanimada
- bueno, tu tranquila que ya podrás hacerlo, por ahora disfruta del calorcito que tenemos y la playa, que es lo que tienes más a mano guapa – y con un aire de derrota por mi parte, continuamos hablando mientras las copas siguen llegando.
De camino a casa, llamo a Juan. No contesta. Aprovecho para hacer una pequeña compra para la cena. Estoy realmente agotada, el cuerpo lo tengo entumido, solo deseo llegar a casa y descansar. 
Abro como puedo la puerta, entre bolsas de la compra y cosas del trabajo; al fondo en la cocina se encuentra él, que se acerca a mí a pasos agigantados
- pensé que no llegabas nena – me dice mientras me ayuda y dulcemente me besa
- te he llamado pero no contestabas. Me he ido a tomar unas copas con Marie y ya sabes cómo es, no para de hablar – sonrió mientras hago un mohín de burla.
Nos dirigimos a la cocina, voy con la intención de preparar la cena de esta noche, pero veo que ya ha comenzado a preparar algo liviano y como deseo poder acostarme pronto seguiré en su línea. El coloca la compra, mientras yo me preparo para cocinar. Estando distraída, se me acerca, me abraza por detrás y apoya la cabeza en mi hombro derecho
- ¿sabías que me pones loco cuando estas en plan cocinera? – y siento como sonríe con malicia, sé  que cuando trama algo su sonrisa es diferente y su manera de hablarme cambia por completo
- no tenía ni idea que te gustase verme en la cocina – digo con una inocencia poco creíble a lo cual el suelta una leve carcajada y me acerca más aun contra su cuerpo, haciendo que sienta ya su erección
- así de loco me tienes siempre – dice indicándome con su pelvis como su virilidad empieza a desarrollarse con fuerza.
Juega con mi cuello levemente, pasándome sus dedos, sus labios, su lengua ávidamente. Comienzo a sentir como mi cuerpo se despierta de su entumecimiento deseoso de que las manos de Juan le toque. No me puedo resistir a él, me trasmite un sinfín de sensaciones que son más fuertes que mi racionalidad
- así es difícil concentrarse en la cena cariño – digo mientras dejo de lado la ensalada que intento preparar
- yo puedo darte una cena mucho más especial – y sin más, me da media vuelta quedando frente a frente con él, comienza a besarme frenéticamente, con un morbo desmedido, sin dejarme respirar.
Rápidamente levanta mi falda y hace a un lado mis bragas, empieza a indagar buscando mi clítoris que esta ya ansioso por su tacto. Apenas sus dedos le rozan, reacciona potentemente haciendo que mi sexo se inunde como el más ansiado líquido lleno de pasión. Comienzo a convulsionar por sus movimientos circulares y mi cuerpo responde ante la electricidad que me trasmite. Le beso nuevamente, masajeando su lengua hábilmente y jugueteando con su delicadeza.
Aspirando a sentir su polla dura dentro de mí,  rodeo su cintura con mi pierna, invitándole a penetrarme sin pausa pero con rudeza. El inmediatamente da libertad a su miembro atrapado por sus vaqueros, dejando así a la vista todo el morbo y la intensidad que siente al tenerme a su lado, viciosa y pervertida, con ganas de hacerlo todo mío
- follame – le suplico vehementemente, esperando que mis suplicas sean escuchadas
- tranquila, lo hare pronto –
- hazlo ya, por favor, ¡hazlo! – grito acercando mi sexo más al suyo, sintiendo el calor de los dos quemándonos vivos.
Responde ante mis suplicas y sucumbe ante mis deseos, así que rápidamente introduce de un solo golpe su polla en mi
- ¡mmm, si! – gimo ante la embestida que mi perfecto y perverso novio me da, sabe que me gusta cuando se descontrola, me toma con fuerza y me folla sin pensar en nada más que en nuestra satisfacción. De manera casi instantánea percibo como mi cuerpo convulsiona aún con más potencia, se va acercando el primer orgasmo, el más deseado, el más enérgico y el que desencadena toda mi lujuria
- vamos nena, sé que estas a punto de correrte, hazlo ya en mi polla – me dice sin parar de follarme, entrando y saliendo de mi con absoluto poderío
- ¡mmmm cariño, no aguanto más! – y sin más preámbulo, me corro desfasadamente, dejándome llevar por el momento, pregonando su nombre y arañándole la espalda.
Quedo agotada, suspirando ante el último choque de electricidad que mi sexo ha sentido, abrazada a el
- ¿relajada? – dice sonriente, mientras se hace a un lado y se abrocha el pantalón
- más de lo que te imaginas – sonrió – ahora lo que necesito es una ducha caliente y acostarme –
Mientras me alejo, el me da un azote suave en el culo, le miro nuevamente
- ¿estás buscando guerra cariño? – le digo con chulería
- tengo ya ganada una batalla, así que creo que llevo ventaja – me guiña el ojo y continua con las labores culinarias.
Tomo mi camino hacia la ducha, después del momento “cocina”, necesito sentir el agua fresca sobre mi piel. Entre tanto, termina nuestra cena y acomoda todo para que nos sentemos frente a la televisión, como siempre lo hacemos, cenamos y hablamos un poco antes de irnos a la cama

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