5.31.2014

CUESTIÓN DE LUJURIA: ISLAS GRIEGAS, CAPÍTULO 5

 Es nuestro tercer día de crucero, hemos desembarcado en Pireo y pasaremos  tres días en Naxos y como es de esperarse Carlos y Ana están con nosotros. La mayoría de tiempo, no nos hemos separado casi para nada, hemos disfrutado de las islas a las cuales hemos ido desembarcando, recorriendo lo que más podemos. He de decir que nos hemos vuelto inseparables, aunque mi mente comienza ya a crear historias sobre esta nueva amistad, creo que hay algo más que momentos de diversión, se nota una clase de química entre los cuatro, pero puede que sea solo mi mente libidinosa.
Nos trasladan en ferry hacia la isla de Naxos donde desde el primer momento nos sentimos como en casa. El día se nos va volando y más cuando nos estamos divirtiendo tanto. Al caer la noche nos dirigimos al hotel, en el que nos hospedamos por estos días, para cambiarnos y así irnos de cena. Nosotras optamos por vestidos ligeros pero provocativos, sin que falten las cuñas para darle un toque sensual a nuestro look. La brisa de la noche invita a llevar la melena suelta y así lo hacemos, por otro lado los chicos también visten de manera muy veraniega pero varonil, a decir verdad bastante guapos los dos. Cenamos en uno de tantos restaurantes de comida griega que hay en la isla y luego decidimos tomar unas copas antes de volver a nuestras habitaciones.
El sitio es bastante ameno e íntimo, una música suave acompaña las luces tenues que brillan en el lugar. Es totalmente griego y eso nos encanta. La primera tanda de copas llega y brindamos por los días tan maravillosos que estamos disfrutando juntos.
Entre tanda y tanda de bebidas, la música me invita a moverme, así que rápidamente me pongo en pie y comienzo a moverme al compás de las notas cálidas de algún artista griego que suena de fondo, o al menos eso creo
- venga chicos, vamos a bailar un poco – digo sin parar de dar vueltas, contoneándome frente a mis tres compañeros de viaje. Veo como me observan y eso me anima aún más – ¡vamos!, Carlos ven, baila conmigo – Le llevo a la pista y sigo contoneándome cerca de él. Al parecer esto le gusta porque comienza a rodearme con sus manos, a posarlas en mis caderas mientras yo muevo sutilmente mi culo cerca de su pelvis.
Ana y juan siguen sentados uno cerca al otro, no dejan de observarnos. Noto como la mira, conozco esa mirada, inasequible para muchos pero que a mí no se me escapa, le gusta. Por otro lado, ella ajena a la mirada lasciva de mi chico, sigue observándome casi sin parpadear. Dejo un minuto a Carlos en la pista y me acerco a ellos
- es hora de que ustedes dos bailen. Tendremos que darle un poco de ambiente a la noche – les digo mientras les invito a la pista, y así cada uno con la pareja del otro comenzamos a bailar.
Ella tímida y ante la mirada ardiente de su esposo, se mueve delicadamente cerca de juan. Este aprovecha para acercarla a él, sin levantar sospecha de su deseo por ella. Carlos por otro lado sigue recreándose en mis caderas, no para de tocarlas y por supuesto yo le dejo. Nos dejamos llevar por la música. Somos dos parejas jugando al deseo, al pecado.
El cuerpo pide un descanso, así que volvemos a la mesa y pedimos de nuevo unas bebidas, después del momento intimo en la pista, nos las merecemos. Las copas dan para mucha conversación y minutos más tarde nos encontramos los cuatros enfrascados en temas varios. Los chicos hablan de trabajo, deportes y por supuesto nosotras de moda, libros, pero sobre todo nos hacemos confesiones una a la otra
- últimamente estoy notando que me atraen ciertas cosas que antes ni me atrevería a pensar, la verdad que no sé qué pasa y obviamente no quiero contarle a Carlos, no sé cómo se tome el tema – me dice Ana bastante preocupada mientras observa como los chicos se dirigen a la barra.
- pero, ¿tan grave es?, porque creo que Carlos te puede entender perfectamente, además si es algo que les puede atraer a los dos, muchísimo mejor, podrían hacer de una fantasía una pervertida y morbosa realidad – reímos las dos como cuales chicas de secundaria
- seguro tienes razón, eres tú la que da los consejos sexuales, obviamente sabes más del tema… – hace una pausa, buscando la manera de decirme cual es esa nueva atracción que tiene en su vida – vale, te contare de que se trata, pero por favor intenta no reírte de mí – me dice tímidamente, lo cual me enternece profundamente
- no te preocupes, tu secreto será bien respetado por mí – le doy mi mejor sonrisa, para hacerla sentir cómoda
- bueno…es que…creo, bueno no, estoy casi segura que…que… - suspira profundamente – que me gustan las…
-¡¡¡cariño!!! – grita desde la barra del bar Carlos. Se acerca y le da un beso bastante apasionado mientras que yo sonrió de manera burlona ante la escena - ¿nos vamos ya al hotel?, creo que necesito descansar – le dice mientras apoya su cabeza en su hombro. Juan me sonríe desde la barra y me hace señas para que le acompañe. Ellos deciden retirarse y nosotros nos tomaremos la última copa y haremos lo mismo, esta noche deseamos un poco de tranquilidad.
Las copas y nuestro baile han puesto a Carlos bastante juguetón, y en todo el camino acaricia lascivamente a Ana. Ella se encuentra encantada la verdad, pero su timidez no la permite tomar ventaja del momento
- Carlos, quédate quieto, que nos va a ver alguien – dice ella mientras mira hacia todos lados preocupada por los mirones que pueda haber, aunque era una hora bastante tardía para ello y más aún en las calles intrincadas, estrechas y enrevesadas que recorrían a Naxos. El hace caso omiso a su mujer y sigue pasando su mano por el culo de ella por encima del vestido veraniego que lleva puesto. Ella está comenzando a calentarse mucho con sus caricias, comenzando a suspirar con mucha más profundidad. El camino se les hace largo entre tanto juego, así que Carlos busca el momento perfecto y la toma por la cintura llevándola hacia la poca oscuridad que hay entre las tranquilas calles de la zona. La besa con más pasión que antes y ella responde rápidamente, entregándose así a la pasión contenida que tenía desde hace unos minutos atrás. Poco les importa si alguien puede verlos, así que se entregan a ese juego sexual que les trae locos, recordando así por qué después de 10 años, siguen aún juntos
- mmm Ana, me traes muy cachondo desde hace horas. Tengo ganas de quitarte ya ese vestido – le dice mientras mete la mano por debajo, buscando el sexo suave de ella. Esta instintivamente abre levemente sus piernas, permitiéndole así que el acaricie su clítoris que se encuentra ya duro y excitado
- cui…dado…Carlos – dice entrecortadamente por la excitación Ana – alguien…puede…vernos –
- qué más da, solo deseo follarte – se lanza vorazmente a su boca y la besa ahogándole las palabras. Se puede palpar en el ambiente el vicio y desesperación que tienen por comerse vivos. Hace mucho tiempo que no se sentían así, no saben si es que las tierras lejanas sacan de ellos ese vicio guardado o que por fin se están dejando llevar por sus sensaciones, pero quieren disfrutarlo al máximo
 - vamos a la habitación, me muero porque me folles ya – dice con la cara totalmente viciada, necesita que el la haga suya como sea, pero lo necesita sentir dentro en ese mismo instante,  sin importa ya nada.

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